Saturday, January 14, 2017

PEDRO FIGARI COSMOPOLITA



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           No hay dudas sobre la nacionalidad uruguaya de Pedro Figari. Nació, actuó y murió en su país, y a lo largo de su vida demostró patriotismo; pero también mostró en sus escritos y su pintura, que quizá se sentía más americano que uruguayo. Cuando escribía “nosotros” seguramente se refería a América del Sur, quizá a Latinoamérica, más que sólo al Uruguay.
            Como dije refiriédome a los temas “que pintó todo”, en su pintura de ningún modo se limitó al Uruguay. En sus primeros años, los temas que no eran universales (piedras, trogloditas), eran netamente uruguayos (indios, candombes, pericones, paisajes, escenas históricas); pero luego en Buenos Aires en continuidad con París, los temas pasaron a ser a menudo argentinos. Muchos cuadros se refieren a sus visitas frecuentes a La Porteña, la estancia de su amigo Manuel Güiraldes en San Antonio de Areco. Dedicó importantes obras a temas rosistas, que incluían al propio Rosas y a su hija, a su milicia la Mazorca; ubicó en época de Rosas candombes, cuarteleras, salones, plazas y calles de Buenos Aires. Pintó episodios históricos acerca de Güemes y Quiroga
Le dedicó menos a Europa: son muy abundantes los paisajes venecianos y las corridas de toros deben tener cierta inspiración europea, aunque haya comenzado en Uruguay. Sé de un par de cuadros referidos a París y a Mimizan, y los dos que conozco sobre Josephine Baker, aunque los ubique en una escena de candombe, son sobre un escenario parisino, donde seguramente la conoció.
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            Pedro Figari’s Uruguayan nationality is indubitable. He was born, acted and died in his country, and all along his life he showed patriotism. But in his writings and in his paintings, he seems to feel more American than Uruguayan. When he wrote “us”, he was surely meaning South America, perhaps Latin America, more than just Uruguay.
            As I said about his subjects that “he painted everything”, his paintings haven’t been just about Uruguay. At the beginning, the subjects that weren’t universal (rocks, troglodites), were definitely Uruguayan (indians, candombes, pericones, landscapes, history); but then in Buenos Aires and continuing in Paris, the subjects became frequently Argentinian. Many paintings are about La Porteña, the ranch of his friend Manuel Güiraldes in San Antonio de Areco. Many important works are about the time of Rosas, including Rosas himself, his daughter, his militia, La Mazorca; he placed in Rosas’s time candombes, barrack women, salons,plazas and streets of Buenos Aires. Historical scenes about Güemes and Quiroga.
            He dedicated less to Europe: there are many Venetiona landscapes, and many bullfights that must have some European inspiration, even  if it started in Uruguay. I know about a couple of paintings referring to Paris and Mimizan, and the two I know about Josephine Baker, even if he places her in a candombe, they are on a Paris stage, where he probably met her.
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            On ne peut pas douter auprès de la nationalité uruguayenne de Pedro Figari. Il est né, a actué et est mort dans son pays, et il a montré son patriotisme pendant sa vie. Mais aussi, dans son écriture et sa peinture, peut-être il montrait se sentir plus américain que simplement uruguayen. Quand il écrivait « nous », il pensait sûrement à Amérique du Sud, peut-être à Amérique Latine, plus que seulement à l’Uruguay.
            Tel que je le dit en parlant de thèmes que « il a peint tout », sa peinture n’est d’aucune maniére limité à l’Uruguay. Au début, les thèmes qui n’étaient universels (pierres, troglodites), étaient franchement uruguayens (indiens, candombes, pericones, paysages, épisodes historiques) ; mais plus tard à Buenos Aires et suivant à Paris, les thèmes devinrent souvent argentins. Il  y a beaucoup de tableaux sur ses fréquentes visites à la ferme de son ami Manuel Güiraldes, La Porteña. Il a dédié des œuvres importantes à Rosas, sa fille, sa milice La Mazorca ; il a placé dans l’époque de Rosas des candombes, femmes de caserne, salons, places et rues de Buenos Aires. Il a peint des épisodes auprès de Güemes et de Quiroga.
            Il a dédié moins à l’Europe : il a peint beaucoup de paysages vénétiens, et les courses de taureaux doivent avoir une certaine inspiration européenne, quoique il les a vues d’abord en Uruguay. Je connais l’existence de deux tableaux sur Paris et sur Mimizan, et je connais deux de Josephine Baker, et quoiqu’il la place dans une scène de candombe, c’est dans un théatre parisien, où il l’a sûrement connue.






Friday, January 13, 2017

PRIMERA EXPOSICIÓN EN PARIS - 1924


LA PRENSA FRANCESA JUZGA A FIGARI
(fue uno de los críticos de arte más influyentes de inicios del siglo XX. Es conocido por haber dado nombre al Fauvismo y al Cubismo)


Paris Soir – Louis Léon Martin
Una feliz sorpresa nos espera en la sala del primer piso de la Galería Druet. Un pintor todavía desconocido en París, Pedro Figari, uruguayo, al que lo presenta el raro y delicioso poeta Jules Supervielle, expone unas sesenta telas, que son de una prodigiosa y arrebatadora alegría. Imaginad a un Bonnard, de un ojo menos refinado y menos sutil por cierto, pero tan pintor como él, tan exquisitamente espiritual. El colorista es encantador. Sobre fondos de casa verde tierno, gris, rosado o blanco ocre, los tonos cantan vivaces: rojos francos, violetas, rosados frescos, malvas, sin sombras, en una atmósfera de fiesta, yuxtapuestos con una audacia y un gusto igualmente felices, y entre los cuales los trajes negros, los guantes blancos y las buenas cabezas chocolate de los negros sirven - ¡lo garantizo! – “de pasaje”. Y el observador sirve tanto como el colorista. Nada es más divertido que esta presentación de las  escenas, el imprevisto agrupamiento de los personajes, su gravedad paradojal y esa solemnidad  propia de los negros en uniforme.
En verdad, nos volvemos a encontrar aquí con la atmósfera y el “esprit” de la “Carrosse du Saint Sacrement” (La Perricholi)… La alegría es viva. En nuestro París gris y triste, produce un vivo goce  esta pintura tan alegre, oportunista, por decirlo así, toda llena de un talento – y es su gracia más hermosa – de un talento que parece ignorarse.
L’Avenir – André Warnod
                ¿Quieren Uds. ir a un país prodigioso, situado en el otro extremo del mundo? Vayan a la exposición Figari, uno de los mejores pintores actuales.
L’Europe Nouvelle -  Émile Henriot
                El pintor Figari era desconocido en París hace ocho días. Hoy es ya célebre entre los amateurs.
La Vie
                El conjunto de la exposición Figari ha excitado la curiosidad de nuestros artista más finos.
Paris Journal – Paul Fierens
                Algunos pintores franceses han vuelto a dar a la pintura de costumbres un brillo primaveral. Figari, desde el primer impulso la lleva a ese punto de perfección en que la pintura se confunde con la poesía viviente y pura.
-          Todos los pintores de París han desfilado ante la exposición Figari, los más conocidos por lo menos, y casi todos han expresado lo mismo: que se trata de algo importante, de un verdadero pintor, cosa rara, muy rara.

Thursday, January 12, 2017

pedro-figari y ORTEGA Y GASSET

Semanario MARCHA, enero 20 de 1956.
Escribe el Arq. Carlos A. Herrera Maclean


..........Alfredo González Garaño,……..había transportado a orillas del Sena su casa de Buenos Aires.
Entre los más asiduos contertulios de ese hogar se encontraba el filósofo español Ortega y Gasset. Una amistad estrechada en Buenos Aires se había vuelta más continua y efusiva en las tardes de París. Entre los temas literarios, filosóficos y artísticos, uno de los más porfiados con que González Garaño asediaba a su docto huésped era el de Figari. Y el ataque solía ser demoledor, llevado dos contra uno, Marieta y Alfredo contra el inconmovible filósofo. Así cargaba el anfitrión sus dulces y lentas palabras de todos los argumentos artísticos, auxiliado por la vehemencia de la compañera, mientras buscaba en la presencia abrumadora de innumerables cuadros colgados en las paredes el impacto artístico, definitivo y convincente. El maestro era de hielo. Y al mirarlos hacía ascos a los negros candomberos, a los gauchos, a las chinas y a los caballos desgonzados. Y al final, ya sin argumentos, respondía con sorna, entre risas y chistes: “Déjenme Uds., por Dios, de su amigo Figari”.

Una noche, alta la ahora, sintió Marieta que tocaba insistentemente el timbre de la calle. Despierta al marido: “Quién llamará a estas horas? Quién puede ser, aquí en París?” En “robe de chambre” puesta apresuradamente, sale al vestíbulo González Garaño. Quién apareció con su pálida figura detrás de la puerta? El filósofo, el filósofo sonriente e iluminado, como un párvulo escapado de una juerga estudiantil. “Vengo de una fiesta literaria”, le dice, “donde conocí a su amigo Figari. Qué hombre extraordinario! Qué cabeza! Qué manera nueva de pensar!” Y así, entre vehementes elogios, siguió después otra tertulia nocturna, Marieta siempre presente, hasta el primer albor sobre los vecinos techos de pizarra.

No concluía el filósofo de hacer el elogio del hombre, de la fresca mentalidad de un viejo, del contorno nuevo y original del pensamiento de Figari. Eran tres los personajes de esta escena en la quietud de la noche. Pero junto a ellos, y colgada en las paredes, había una turbamulta regocijada que se unía al gozoso relato. Parecía que hasta se escapaba de los marcos, dejando de bailar los candombes, acallando el tamboril, las chinas acercándose recelosas y los gauchos desconfiados formando círculo ante el pequeño centro artístico. Y allá lejos, en la pared del vestíbulo, uno, entre orgulloso y altanero, “El gaucho Candiotti”, era el que más luchaba por salirse del marco.

                                                        El gaucho Candiotti - 69x99cm

Llegó la hora de partir, después de este glosario nuevo del discutido Figari. Cuando se calló el filósofo, recién percibió el cuchicheo que venía rozando las paredes, pero él no volvió los ojos. Estaba ya en el vestíbulo cuando el gaucho candiotti, más osado y más ladino, pareció cruzársele al paso. Entonces el filósofo no pudo menos que mirarlo, como lo había mirado otras veces, entre desdeñoso y despectivo. Lo que se dijeron en ese corto diálogo, no lo sabemos. Pero González Garaño, que creía ¡al fin! ganada su partida por el pintor Figari, atinó una tímida pregunta: “Y sus cuadros?” “Ah! Por favor, su pintura no!” dijo Ortega y Gasset, ladeando al gaucho Candiotti, rodeado de sus chinas. “Yo he venido a hablarle del Figari filósofo, del Figari pensador americano, y no del pintor”, añadió Ortega y Gasset al alejarse, mientras el desaliento invadía de nuevo el espiritu del fiel amigo, de González Garaño, derrotado una vez más en esta lucha imposible por hacer ver lo que el filósofo no podía ver, ni podría nunca ver.